El control de las palabras

Nunca nos acabamos de dar cuenta de la trascendental importancia que tienen las palabras. Su uso es tan cotidiano y estamos tan acostumbrados que pasamos por alto que entre nosotros y el mundo, las otras personas,  habitualmente hay en medio las palabras (también nos comunicamos por señas, por contacto corporal… como si se tratase de un porno ).
Los que sí saben del uso y de la importancia de las palabras, pero, son aquellos que las usan constantemente > para transmitir información; a parte de los lingüistas, de los filósofos del lenguaje…
Está claro, que las palabras están cargadas de sentido, y de connotaciones que hacen que la comunicación sea  posible, y que se transmita aquello que queremos decir. Exactamente aquello que queremos decir. Por ejemplo,
decir el “síndrome de los Balcanes”, no es lo mismo que decir el “síndrome de la OTAN”. En la segunda  acepción la palabra OTAN se vería irremediablemente liada con unas enfermedades; en cambio en la primera  frase, a menos que estés informado no relacionarías para nada la OTAN con una síndrome de la cual es  responsable. Otro ejemplo, todos sabemos que no transmite lo mismo la frase “la banda terrorista ETA”, que “el  grupo armado independentista ETA”; la primera frase acentúa y delimita negativamente la palabra ETA, en  cambio no lo hace así la segunda acepción que simplemente es informativa, sin la carga negativa que tiene la  palabra “terrorista”, ni la despectiva y minimizadora que tiene la palabra “banda”.
Así mismo sucede con todas las palabras que se utilizan habitualmente en los medios de “comunicación” (otra  palabra que delimita un mundo; ¿no es “comunicación” lo que hacemos ahora, también?); “daños colaterales” no  es lo mismo que “población civil”, etc. Encontraríamos miles de ejemplos si tenemos un poco de imaginación y  estamos más o menos informados de todo lo que sucede en nuestro alrededor.
Así pues, hemos de ser conscientes que todo aquello que oímos, se puede decir, como mínimo, de otro modo.  Por esto existen los sinónimos (y también los antónimos). Quien realiza el mensaje, sobretodo cuando hay  intereses políticos, militares… o se trata que este vaya dirigido a la opinión pública se cuida mucho de medir las  palabras y de decir aquello que realmente quiere transmitir, con toda la carga valorativa del mensaje que quiere  transmitir. Otro ejemplo, no es lo mismo decir “ilegales” que “personas”; ni tampoco decir que “todos somos  españoles” a decir que “la mitad de la población de Cataluña es inmigrante” refiriéndose a las personas que han  venido desde fuera de Cataluña (andaluces, murcianos…).
Vemos como todo es relativo a ser interpretado de una o de otra manera dependiendo de cómo se articule el  mensaje.
Y esto es importante saberlo, porqué, como decíamos, es tan habitual el lenguaje que no nos damos cuenta.  Desde los medios de “comunicación”, y los que los controlan, se nos predispone a aceptar ciertas premisas que  pueden ser siempre muy cuestionables.
Para intentar ser objetivo, si se quiere serlo, hay que estar siempre alerta, vigilando a los que quieren controlar las palabras.